La respuesta de Barack Obama
Ese mal oído
Un presidente impenitente
Ahora es oficial: Barack Obama no es muy bueno en arrepentirse. La forma usual luego de que tu partido ha tenido una importante derrota electoral es aparecer en televisión un poco pálido y castigado, prometiendo tener en cuenta el mensaje de los electores y reformar tu plan de gobierno. Eso es lo que hizo Bill Clinton con gran teatralidad luego de sufrir él mismo una derrota similar en las elecciones de medio término en 1994. La reacción del Señor Obama el día después de las elecciones en la conferencia de prensa en la Casa Blanca fue una reacción de sombría obstinación, y en la cual disculpó a los electores por su natural impaciencia respecto al ritmo de la recuperación económica.
Es cierto, el Presidente admitió que había recibido un duro golpe en las urnas y que “algunas noches de elección son más divertidas que otras”. Aceptó que la última responsabilidad por el descontento de los electores residía en él. Dijo estar preparado para colaborar con el liderazgo republicano en la Casa de Representantes, ofreciendo “compartir y unir” ideas y, cuando fuera necesario, estar en desacuerdo pero sin ser desagradable. “Tengo que hacer un mejor trabajo, tal como todos en Washington deben hacerlo”, dijo. Pero los arduos esfuerzos de los cuerpos de prensa de la Casa Blanca para que el Presidente dijera que sus decisiones políticas de los dos últimos años sobre la reforma del sistema de salud, el paquete de estímulo para la economía o cualquier otra cosa pueden haber estado erradas, quedaron en la nada.
En cuanto a compartir y unir ideas, el Presidente dijo que los dos partidos deberían ser capaces de trabajar juntos sobre temas como energía y educación, insinuó flexibilizar los recortes presupuestarios, que están por expirar, de la era Bush y reconoció que podría llegar a retocar algunos puntos de la reforma de salud. Pero también advirtió sobre pasar los próximos dos años repitiendo las mismas batallas de los últimos dos años. Quizá por un toque de piedad, Obama debía dejar Washington para partir en un viaje de 10 días por Asia. No será Washington un lugar tranquilo para trabajar cuando él regrese.
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