Desde que comenzó la crisis económica, parece que cinco palabras resumen el principio central de la política financiera de Estados Unidos: ser tolerantes con los banqueros.
El principio fue puesto en práctica en la última parte de la administración Bush cuando se hizo efectiva una enorme línea de salvataje para los bancos (unos 700.000 millones de dólares) sin muchas exigencias hechas para con los bancos. De la misma forma estaba en práctica en los primeros meses de la administración Obama, cuando el presidente renegó de su promesa de campaña de "cambiar nuestras leyes de bancarrota para que sea más fácil para que las familias puedan conservar sus casas". Y el mismo principio sigue rigiendo hasta hoy, ya que funcionarios federales presionan a los procuradores generales para que acepten un arreglo muy modesto con los bancos que realizaron prácticas abusivas con las hipotecas.
¿A qué viene este trato tan amable para con los bancos? Sin duda, el dinero y la influencia juegan una parte importante; Wall Street es una enorme fuente de dinero para las campañas políticas y las agencias que se supone que tienen que controlar a los bancos generalmente terminan sirviendo a sus intereses. Sin embargo, algunos funcionarios han señalado que no ser demasiado duros con los bancos termina sirviendo a la economía en conjunto.
Esto no es cierto. El fracaso en lograr un alivio en la situación de las hipotecas al comienzo de la gestión de Obama es una de las razones por las que hoy tenemos todavía 9 por ciento de desempleo. Y en este momento, las razones que se están dando para lograr un arreglo rápido y favorable a los bancos del escándalo de abuso de las hipotecas simplemente no tienen sentido.
Antes de llegar a eso, unas palabras sobre el lío de las hipotecas.
El otoño pasado, nos enteramos que muchos prestamistas hipotecarios estaban realizando ejecuciones hipotecarias ilegalmente. De la forma más conspicua, los “robo signers” (personal utilizado para aprobar ejecuciones hipotecarias, sin tener en absoluto el conocimiento para ello) daban fe de que los bancos tenían efectivamente la documentación requerida para ejecutar estas propiedades sin verificar que los bancos tenían el derecho para hacerlo- y de hecho, en muchos casos, no lo tenían.
¿Qué tan generalizados y graves fueron los abusos? La respuesta es que no lo sabemos. Nueve meses han pasado desde que estalló el escándalo de los “robo-signers”, pero aún no ha habido una investigación seria acerca de su alcance. Esto es así porque los estados, que están sufriendo serios problemas presupuestarios, no tienen los recursos para realizar una investigación seria-mientras que los funcionarios federales, que sí tienen esos recursos, han decidido no utilizarlos.
Por el contrario, estos funcionarios están presionando para lograr un acuerdo con las compañías involucradas en la burbuja hipotecaria el cual, señala Shahien Nasiripour del Huffington Post, “absolvería enormemente a las firmas de sus prácticas ilegales a cambio de penas que llegarían a los 30 billones de dólares y compromisos de que estas compañías se adherirán a prácticas más transparentes en el futuro”.
¿A qué se debe el apuro por lograr un acuerdo con los bancos? En lo que yo puedo decir, hay dos argumentos principales que se están haciendo para dejar tranquilos a los bancos. El primero es la pretensión de que la resolución del problema de las hipotecas rápidamente es la llave para volver a poner a andar al mercado inmobiliario. La segunda, dicha de modo menos explícito, es la idea de que ser demasiado duros con los bancos terminaría disminuyendo las posibilidades de recuperación de la economía.
Ninguno de esos argumentos tiene mucho sentido.
La idea de que eliminar la cuestión legal sobre las ejecuciones hipotecarias ayudará al mercado inmobiliario- en particular, que ayudará a mantener los precios de las casas- me deja un poco confundido. Sólo aceleraría las ejecuciones hipotecarias y si más familias perdieran sus casas, eso significaría más casas ofrecidas para la venta- un aumento de la oferta. Un aumento en la oferta de un bien generalmente disminuye su precio, en lugar de subirlo. ¿Por qué el mercado inmobiliario debería ser una excepción a esa regla?
Se podría señalar que un alivio, aunque sea parcial, de la carga financiera del problema hipotecario, sería parte del arreglo propuesto. Pero si ese alivio es tan importante, ¿por qué la administración Obama no está haciendo lo necesario para poner en práctica el Home Affordable Modification Program (Programa de modificación para ayudar a propietarios a través de disminuciones en sus deudas hipotecarias), el cual tan solo ha gastado una pequeña parte de su dinero? ¿O si el hecho de hacer que funcione ese programa es tan complicado, por qué deberíamos creer que cualquier otro programa instituido como parte de un arreglo del problema de las hipotecas debería funcionar mejor o siquiera funcionaría?
Disculpen, pero la propuesta de dejar a los bancos impunes ayudaría al mercado inmobiliario simplemente no cierra.
¿Y qué sucede con el argumento de que si se presiona a los bancos se amenazaría la recuperación económica? Acá la pregunta es: ¿Qué esta deteniendo esa recuperación?
El tema no es el estado de los bancos. Es cierto que los miedos acerca de la solvencia de los bancos alteraron los mercados financieros a final de 2008 y principios de 2009. Pero esos mercados han vuelto hace tiempo a la normalidad, debido en gran parte a que todos saben que ahora los bancos serán rescatados si se meten en problemas.
El gran peso de la economía hoy es el remanente de la deuda de los hogares, creado en gran parte por los 5.6 trillones de dólares que los hogares tomaron durante los años de la burbuja inmobiliaria. Un alivio real de la deuda hipotecaria haría una gran diferencia en ese problema. Un acuerdo de 30 billones de dólares con los bancos, incluso si se prueba como más efectivo que el programa de modificación del gobierno, no haría esa diferencia.
Así que cuando los funcionarios les digan que deben ir corriendo a hacer un trato con los bancos por el bien de la economía, no les crean. Debemos hacer esto correctamente, y responsabilizar a los banqueros por sus acciones.
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