De ida y vuelta
El yuan está flotando más allá de las fronteras chinas, y también flota de vuelta a China
El helicóptero iba y volvía, hora tras hora, por encima de la reluciente bahía de Hong Kong y sus brillantes rascacielos y un aviso publicitario en rojo flameando detrás. ¿Qué imperdible oportunidad estaba intentando vender? Bonos del gobierno, eso es, con rendimientos tan magros como 0.6%.
Los bonos fueron emitidos el 17 de agosto por el Ministerio de Finanzas de China en su propia moneda, el yuan. Este hecho normalmente no ameritaría una publicidad con una bandera flameando. Pero lo que hizo notable a esta venta fue su tamaño-20 billones de yuan (3.1 billones de dólares)- y sus compradores potenciales: inversores extranjeros en Hong Kong. Esta última representa la mayor emisión de bonos “dim sum”, valores denominados en la moneda de la China continental, pero vendidos en Hong Kong, donde a la gente le gusta comer masa hervida acompañada de carne, cola de cerdo y otros bocados conocidos como dim sum. Por lo tanto, marca otro paso en la globalización del yuan como moneda internacional.
El primer bono de este tipo fue emitido por el Banco de Desarrollo de China en 2007. Este banco ha sido imitado desde entonces por más de 80 otros emisores, incluyendo al Banco Mundial, un banco ruso, Mc Donald's, Volkswagen y un operador de casinos.
A pesar de estas ofertas para atraer inversores, el mercado del dim sum ha permanecido fiel a su nombre: “delicioso, pero limitado”, como lo sintetizó Tony Wang en una conferencia organizada por el Centro para la regulación financiera y el desarrollo económico (CFRED, por sus siglas en inglés). Las ventas de bonos han permanecido en niveles bajos y rápidas de digerir, con un tiempo de madurez (de la inversión en bonos) típico de dos o tres años. Para finales de Junio, había 4.7 yuan en depósitos en Hong Kong por cada yuan de deuda “dim sum” (valuados a su precio de emisión). Es por esto que la emisión de 20 billones de yuan del Ministerio de finanzas convulsionó a todo el mundo.
Sin camino de vuelta a casa
La emisión de bonos de la última semana no será la última del gobierno, de acuerdo con Li Keqiang, un vice primer ministro destinado a suceder a Wen Jiabao el próximo año como primer ministro. En un discurso en Hong Kong el día del anuncio, Keqiang señaló que a las compañías no financieras chinas se les permitiría aumentar el yuan en el exterior, un privilegio que siempre estuvo reservado para los bancos de la China continental.
Esta medida ampliará el menú de opciones, de alguna forma. Pero el elemento disuasorio más importante del préstamo fuera de la China continental es la dificultad de su devolución en China continental. El gobierno de China continúa siendo escéptico acerca del rol del yuan en las inversiones internacionales. Las empresas chinas ahora pueden comprar compañías extranjeras en yuanes; las empresas extranjeras pueden invertir yuanes provenientes de colocaciones en el extranjero en sus operaciones en China continental. No obstante, ambas operaciones están sujetas a la aprobación del gobierno.
En los primeros momentos de la emisión de los “dim sum”, la aprobación solo llevaba un mes o dos, un signo de que el gobierno deseaba que el mercado tuviera éxito. Pero debido a que las autoridades chinas están preocupadas ahora porque los flujos de capital recalienten aun más una economía ya recalentada, las mismas han adoptado una postura estricta: una empresa que "maduraba" yuans en Hong Kong a comienzos de este año, todavía está esperando para poder cruzarlos de frontera.
El discurso de Li puede marcar una distensión en las actitudes. China ya acepta en la actualidad a ciertos inversores “calificados” para que compren valores en la China continental, sujetos a una cuota (en la cantidad total de inversiones). Estas inversiones son acordadas en dólares. Ahora, dijo Li, esto también permitirá que estos inversores coloquen hasta 20 billones de yuans de bancos del extranjero (Taiwán, Hong Kong) en los mercados de acciones de China continental. Esto les dará a los extranjeros otra razón para tener estos bonos en sus carteras de inversión.
El gobierno chino no tiene dudas en cuanto al rol de estos bonos en el comercio internacional. En 2009 les permitió a las empresas en las provincias más dinámicas económicamente de China intercambiar bienes en yuans; esta semana, Li extendió ese derecho a todo el país. Este medio de intercambio (los bonos estatales) fue usado para cancelar 600 billones de yuan en comercio extra fronterizo en el segundo cuarto de este año, más que poco menos de 50 billones un año antes. Sin embargo, esto representa tan solo el 7% del comercio chino y el 2% del comercio mundial.
Su rol también aparece como confuso. De todo el comercio realizado en yuans en el primer cuarto de este año, el 94% fueron bienes extranjeros vendidos a China, no de bienes chinos vendidos en el extranjero. En otras palabras, el yuan sale, no entra.
Yu Yongding, de la Sociedad China de Economía Mundial, argumenta que esta salida de bonos chinos al exterior está, paradójicamente, atando cada vez más a China al dólar. En el pasado, los importadores chinos acordaban mucho más de su comercio en dólares. Esta salida de dólares aliviaba un poco la presión alcista de la tasa de interés del yuan. En la medida que esta decisión de utilizar yuans reemplace la salida de dólares por una salida de yuans, debilita uno de los pocos medios que tiene China para disminuir la presión sobre su moneda. Para mantener bajo el yuan, el Banco Central terminará agregando más dólares a sus reservas, no menos.
Los extranjeros se sentirán atraídos a comprar yuans, y serán reacios a desprenderse de ellos, siempre y cuando sigan pensando que son artificialmente baratos. Esa sensación solo se vio reforzada por el superávit externo chino de 69.6 billones de dólares, un aumento importante en relación a los primeros tres meses del año. Esto puede haber llevado al Banco Central de China a permitir que el yuan subiera a una tasa de 6.4 de los bonos emitidos por cada yuan.
El gobierno también está realizando esfuerzos diplomáticos para apoyar a los bonos estatales. También está alentando el gobierno chino a países como Venezuela a pagar en yuans. Ciertamente, en junio, los pagos en yuans desde China continental a Hong Kong fueron menores a los pagos en la dirección opuesta (de Hong Kong a China continental) contribuyendo a una llamativa caída en los depósitos en el extranjero (fuera de China, especialmente en Hong Kong o Taiwán). Sin embargo, eso puede estar reflejando la decisión de los reguladores chinos de reforzar las transacciones comerciales triangulares, en las cuales los importadores chinos le pagaban a un intermediario en yuans, y éste, a su vez, les pagaba a los proveedores extranjeros en dólares.
Una pausa en el crecimiento vertiginoso de los depósitos en yuans podría ser un alivio para algunos. Estos depósitos no proveen particularmente de muchas ganancias a los bancos de Hong Kong, porque éstos están luchando por encontrar alguien a quien otorgarle préstamos. En Junio, los préstamos por cobrar sumaron tan solo 11 billones de yuans, dándoles a los bancos una tasa de préstamos-depósitos de solo 2%.
Hong Kong desea tomar el puesto de laboratorio financiero extranjero de China. No obstante, el experimento tiene efectos colaterales. El helicóptero que iba y venía por el cielo representa el futuro-más bien denominado en yuans que en dólares- del centro financiero. Sin embargo, fue un alivio cuando una tormenta lo obligó a tomar un descanso.
Link del artículo: http://www.economist.com/node/21526380
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